En octubre, una reflexión sobre la educación en España, las lenguas minorizadas y otros avatares

Realizando la “Proba de avaliación” del Tema 1, que propone el libro de texto de los alumnos de 1º de ESO para Lingua galega, me encuentro con un fragmento de una novela de Agustín Fernández Paz,reconocido autor de literatura infantil y juvenil.

La novela en cuestión es O centro do labirinto. En el fragmento que tienen que comentar los alumnos se presenta una reflexión de un personaje, Sara, que trabaja para el G-12, ya avanzado el siglo XXI y en un mundo globalizado después de que entraran en vigor las Leyes de Unificación Lingüística del año 2020.El personaje se lamenta del empobrecimiento y de la pérdida  de muchas culturas que caracterizaban a la  humanidad después de haberse impuesto el “euro-inglés”  en la zona controlada por el G-12.

Texto complejo para los alumnos, pero superable con aclaraciones de la trama. La dificultad surge en la cuestión que se les plantea:

¿Que relación guarda la tendencia a la diversificación de las lenguas con el mito de un idioma universal?

Y he aquí la sorpresa mía; haciendo un sondeo, en los  tres cursos de primero sólo una alumna había oído hablar o leído el pasaje del Génesis 11-1,9 con lo que Babel poco les dice, y del sondeo deduzco que un  90% de los alumnos cursan Religión católica, asisten durante años a Catecismo y el 9% restante pertenecen al Culto Evangélico (mayoritariamente alumnos de origen dominicano y de la etnia gitana ).Voy a dejar el 1% para otras religiones.

Esto me lleva a reflexionar sobre la educación española. porque estos alumnos van a estudiar  este curso lo que es un zigurat. Y sería bueno que leyeran el episodio para interpretar el arte mesopotámico, por ejemplo.Pero parece que en España se lee poco la Biblia. ¡Me temo que ese tren lo perdimos hace siglos! Y esto enlaza sobre un artículo que leí en la red sobre el sistema educativo finlandés en el que se exponía que el éxito del sistema educativo estaba, entre otras cosas, en un subconsciente luterano  colectivo que permanece a pesar de hacerse laica la sociedad: “El que lee, se salva”.

Finalmente, desde el punto de vista de las lenguas minorizadas, huelga decir que ningún alumno se cuestionaba la existencia de un único idioma universal, con lo cual, el supuesto de un único idioma para la especie humana sería casi, casi, una bendición divina.

¡Y en esas estamos!. Yo envidiando sanamente ese subconsciente luterano para las nuevas generaciones y el sistema educativo español, me da la impresión, que está más preocupado por  salir de nuevo a la calle, bajo palio.

¡Meigas fóra!

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Publicado por Isabel Maria Barcón Soto el octubre 27, 2013

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